10/11/13

La Isla del Tesoro de R. L. Stevenson

la isla del tesoro

Una historia bastante conocida es la de la Isla del Tesoro, pues hay innumerables versiones de esta singular novela y no es para menos, pues este clásico de fantasía y aventura ha dejado una huella imborrable en su género.



Está narrada en primera persona y he de decirles que huyo de eso, pero cuando la historia está tan bien contada y armada no hay nada que pueda sino realzarla y es que es un deleite leer las aventuras de Jim Hawkins a bordo de la Hispaniola en su búsqueda por el tesoro del capitán Flint.
La historia comienza cuando Billy Bones busca refugio en una posada propiedad de los padres de Jim, huyendo del pasado hasta que éste lo alcanza la misma noche en que muere. El padre de Jim también tenía días de muerto y necesitan desesperadamente el dinero que Billy les debía. Por está razón, Jim y su madre deciden ir a buscar entre sus pertenencias para cobrarse el alquiler del cuarto y algo extra: el mapa del tesoro del capitán Flint que Jim toma sin saber qué es. Pronto deben salir de la casa ya que no son los únicos que esperaban algo de Bones, pues minutos después llega un grupo de piratas a saquear la posada en busca de algo que ya no está ahí.
Jim recurre al doctor Livesey, un caballero de buena voluntad, valiente y muy inteligente y al hacendado, al conocer el contenido del mapa que el chico les presenta se ponen en marcha para buscar el tesoro acompañados por el siempre leal Jim. Ni tardos ni perezosos embarcan a bordo de la Hispaniola con una tripulación de valientes y fortachones, entre los cuales destaca el temible John Silver quien a pesar de su pata de palo impone la misma autoridad que en sus mejores años.
Todo es novedad y felicidad en los primeros días de travesía, hasta que una noche por asares del destino Jim escucha una conversación entre parte de la tripulación donde lidereados por Silver planean amotinarse y quedarse con el tesoro. El joven valiente y decidido pone sobre advertencia al capitán del barco, el doctor y el hacendado. Cuando llegan a la isla, dejan ir a los tripulantes que quieran a dar un paseo como parte de su estrategia y Jim se cuela entre ellos para perderse de vista en cuanto llega a tierra firme huyendo por su vida, cuando se encuentra con Ben Gunn un hombre que había sido abandonado allí hacia ya tres años y que se ofrece a ayudarlos a cambio de que lo lleven de vuelta con ellos. Ya estando en tierra la tripulación se revela y varias vidas se pierden en esa noche de enfrentamiento. Jim encuentra pronto a los suyos y les habla de Ben Gunn y cuando a la mañana siguiente el doctor va a buscarlo para informarle que aceptan sus términos, Jim celoso de no poder hacer nada por el momento, se interna en la isla en busca de una barca que Ben le contó que había construido. La encuentra y con ella decide aventurarse más e ir a cortar la cuerda del ancla del barco y por un golpe de suerte puede además recuperarlo.
Cuando regresa al fortín donde había dejado a sus amigos es sorprendido con la presencia de los rebeldes que han cambiado de puesto con los otros y él se convierte en su rehén sin saber nada de lo que ha pasado y sintiéndose culpable por haber abandonado a sus compañeros.
Más no les puedo contar para no arruinarles el final que está lleno de suspenso y aventura como el resto de la novela. Es un libro que muy ameno y digerible, sin ningún cabo suelto, con personajes de grandes valores aun siendo piratas.

la isla del tesoro

Acerca del Autor

R. L. Stevenson nace en Escocia en 1850 y muere en Saoma en 1894. Hijo único del ingeniero Thomas Stevenson y Margaret Isabella. Su abuelo, tíos y primos se habían dedicado al igual que su padre a la construcción de faros. Desde niño vivió en constante movimiento, debido a la salud austera de su madre, a quien debían procurarle un clima cálido. Durante su infancia estuvo al cuidado de Cummy, su querida niñera que lo fascinaba con historias fantásticas que lo atemorizaban y al mismo tiempo despertaron su creatividad, lo mismo que los sermones en la iglesia. En su adolescencia, acompañaba con frecuencia a su padre durante sus muchos viajes, lo cual le sirvió de inspiración en algunas de sus obras. Se licenció en derecho en la Universidad de Edimburgo. De salud delicada, viajo continuamente en busca de un clima favorable para sus delicados pulmones. A los 30 años se casa con Fanny Osbourne, una estadounidense divorciada y diez años mayor que él.
Entre sus obras están La isla del tesoro (1883) y El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde (1886).
Sobre su tumba está grabado el apodo que le dieron los samoanos: "Tusitala" (el contador de historias).

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